El Viaje (2005-2015)

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Información

Inventario para diez años de fotografía

Recientemente la página web de tecnología www.quesabesde.com ha publicado un artículo nuestro en el que después de un resumen del proyecto que estamos llevando a cabo hablamos del material tecnológico que estamos utilizando en el viaje. Te lo reproducimos a continuación (también puedes leerlo directamente en Inventario para diez años de fotografía).
A propósito, a partir de ahora el tercer miércoles de cada mes publicaremos un artículo fotográfico en esta página Web.

A comienzos de 1999 me despedí de los míos diciéndoles que iba a recorrer Europa en bicicleta durante cuatro meses. Volví cuatro años más tarde, después de dar la vuelta al mundo pedaleando. Y no llegaba solo: me acompañaba Miyuki, una joven descendiente de japoneses a quien había conocido en el sur de Brasil. Ahora nos hemos casado y hemos iniciado una nueva vuelta al mundo, esta vez en tándem y para diez años.

Miyuki y yo nos casamos y decidimos abordar juntos un ambicioso proyecto: aprovechar lo aprendido en nuestro primer viaje alrededor del mundo para emprender un nuevo periplo.

Aprovechando nuestros conocimientos –Miyuki es ingeniera en telecomunicaciones y yo soy fotógrafo- y los últimos avances tecnológicos, podíamos realizar una nueva vuelta al mundo, esta vez en tándem y durante diez largos años. Un viaje que no fuera sólo para disfrutar y aprender, sino que sirviera para comunicar la experiencia a otras personas a través de Internet.


A comienzos de febrero de 2005 iniciábamos el viaje en Vitoria. Pedaleamos a Madrid, desde donde continuamos hacia Lisboa. En la foto, Miyuki sobre el “Victoria-Gasteiz”, el primer tándem que utilizamos, con la Sierra de Guadarrama al fondo.

La instantaneidad y agilidad inherentes al binomio fotografía digital e Internet facilitarían mucho las cosas a la hora de emitir las imágenes poco después de ser capturadas.


Una imagen reciente en la costa del nordeste de Brasil sobre el “Beagle”, el tándem reclinado en el que viajamos ahora.

Atrás quedaba el recuerdo de mi anterior travesía, durante la cual tenía que buscar los rollos de diapositivas, cargarlos en la bicicleta, y una vez expuesta la película, revelarla en algún lugar para digitalizarla después y poder enviarlas por e-mail a casa. Y todo ello en medio de –pongamos por caso- Pakistán, una locura.


La Patagonia: miles de kilómetros de llanuras vacías sin un triste árbol y el fuerte viento soplando sin descanso.

Los preparativos para el viaje duraron casi dos años, y escoger el material electrónico fue una de nuestras principales ocupaciones. Capacidad, autonomía, robustez y portabilidad eran factores a tener en cuenta, dado el tipo de viaje –largo y en bicicleta- que íbamos a emprender.


Imagen nocturna del centro viejo de Lisboa desde lo alto del elevador de Santa Justa.

En el momento de escribir estas líneas, ya han transcurrido dos años de aventura, tiempo suficiente para recorrer la Península Ibérica y parte de Sudamérica, desde Ushuaia, la ciudad más austral del mundo, hasta João Pessoa, la punta de Brasil más cercana a África.

El equipo

Con la parte fotográfica fuimos afortunados. Durante los preparativos, presentamos el proyecto a una conocida marca junto a una selección de las imágenes del anterior viaje.

Y decidieron apoyarnos, cediéndonos una réflex de gama media y tres objetivos (10-22 mm, 17-85 mm y 70-300 mm), además de una unidad de flash y de una cámara compacta de prestaciones avanzadas. Completaba el cuadro una pequeña cámara de vídeo.


En las estribaciones de los Andes del noroeste argentino abundan los paisajes espectaculares, como éste de Quebrada de Cafayate.

Todo este material fotográfico tiene que ir bien organizado y protegido de golpes, suciedad y agua, es por ello que nos hicimos con una mochila especial. La cámara, los objetivos y el resto de accesorios –tarjetas, micrófonos, etcétera- irían en compartimentos individuales, separados por paredes acolchadas que uno mismo puede organizar.

La mochila con el equipo pesa entre 6 y 7 kilos, y se ha convertido en una prolongación de la espalda: vamos a todos los lugares con ella. Por cuestiones de seguridad, es bueno que llame la atención lo menos posible, por lo que preferimos que tenga un aspecto de mochila vieja.


No todo es bicicleta: también realizamos caminatas para visitar lugares inaccesibles sobre dos ruedas. En estos casos, las mochilas que contienen el ordenador y el material fotográfico son imprescindibles.

Por sistema, las imágenes realizadas con la réflex las almacenamos simultáneamente en dos formatos: JPEG y RAW. Las copias en JPEG, obtenidas con el mínimo tamaño posible, nos permiten visionar rápidamente la captura en el ordenador y –si lo creemos necesario- publicarla en Internet.

El peso total de cada fotografía es de aproximadamente 10 MB, de los cuales 9 corresponden al archivo RAW –sin compresión- y 1 al JPEG. Con el tiempo, hemos comprobado que en un solo día podemos realizar hasta 300 fotografías, por lo que siempre llevamos encima tres tarjetas de 1 GB.


Mientras pedaleamos, llevamos el equipamiento electrónico protegido y aislado dentro del remolque de fibra de vidrio. Imagen de un camino de Tierra del Fuego, Chile, en el extremo sur de América.

Existe una buena solución para poder almacenar más fotografías sin tener que encender el ordenador: un pequeño disco duro portátil con lector de tarjetas. El que usamos nosotros tiene una capacidad de 20 GB y su manejo es muy sencillo: tan sólo hay que meter la tarjeta en la ranura correspondiente y copiar la información.

Pero la herramienta realmente imprescindible en un viaje en el que la fotografía tenga un papel importante es el ordenador portátil.

Entre otras muchas cosas, nos permite preparar las imágenes, almacenarlas y hacer copias que enviamos a un lugar seguro cada cierto tiempo, tanto para liberar espacio como para no perder el material gráfico en caso de avería, virus o robo.


A pesar de ser pequeño (10,6”) y ligero (1,5 kgs), el portátil es lo suficientemente potente para nuestras necesidades. Cuenta con 80 gigas de espacio en disco.

Estas copias de seguridad las hacemos en discos DVD y las enviamos a casa. Cuando nos avisan de que han llegado en perfectas condiciones, borramos del portátil las fotos en RAW (excepto las mejores) y dejamos sólo las copias en JPEG.


En Río de Janeiro Miyuki saca unas fotos con la cámara compacta desde el Pan de Azúcar. Al fondo a la izquierda se aprecia el Corcovado.

De este modo, conservamos durante el viaje un archivo fotográfico que no pesa demasiado, apto para su uso inmediato en Internet, y que además resulta útil como referencia cuando tenemos que pedir –si es necesario- que nos reenvíen el archivo RAW original.


Cataratas de Iguazú, en la frontera entre Argentina y Brasil. En este caso el vapor de agua podría perjudicar al equipo si no lo llevásemos protegido en la mochila.

El accesorio que utilizamos para subir a la red el trabajo realizado en el portátil es la llave USB, que sirve de puente para transmitir a un ordenador conectado a Internet –en un cibercafé, por ejemplo- las imágenes y los textos ya preparadas.

Como complemento de bolsillo, nada más adecuado que un PDA, sustituto natural del portátil en muchos aspectos, sobre todo si está acompañado de un pequeño teclado.

No nos olvidemos del sonido. Un grabador-reproductor de MP3 y otros formatos es una solución excelente para grabar –por ejemplo- una entrevista sin necesidad de micrófono externo.

El paso del archivo en formato digital al ordenador es muy rápido. ¡Qué tiempos aquellos en los que había que pasar toda la cinta para copiar algo desde un casete!


Viajar es siempre una oportunidad para conocer personas de otras culturas. Estos chavales brasileños viven en Salvador de Bahía, en Candeal, el barrio de Carlinhos Brown.

Para que todos estos pequeños instrumentos funcionen, es imprescindible tener a mano una fuente energética. Si el viaje transcurre por zonas civilizadas, no hay problema: cargamos las baterías en un enchufe, normalmente mientras dormimos.

Pero en aquellas etapas de viaje “off-road”, un elemento de inestimable ayuda es la manta solar, que nos permite cargar las baterías durante el día. Otra alternativa plausible para un viaje en bicicleta sería colocar una dinamo en la rueda, posibilidad que tal vez experimentemos más adelante.


Empujando la bicicleta por una playa del sur de Brasil. Nuestra compañera mide 4 metros de largo y con el equipaje pesa unos 100 kilos.

Acabamos de celebrar nuestro segundo aniversario de viaje y nos encontramos en el nordeste brasileño, pedaleando en dirección a la desembocadura del Amazonas.


Brasil sin preconcepto. El mundo no es sólo belleza y tiene sus serios problemas. En el viaje colaboramos con algunas organizaciones que intentan mejorar la situación del planeta como la ONU y UNICEF divulgando la Campaña del Milenio. Imagen de jóvenes del Proyecto Axé de Salvador de Bahía que cuenta con el apoyo de UNICEF.

Sea como sea, nuestro trajín constante no nos impedirá que a partir de ahora compartamos con la audiencia de QUESABESDE.COM las vivencias de esta particular vuelta al mundo.


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(*Em português)


Inventário para dez anos de fotografia

Recentemente a página web de tecnologia www.quesabesde.com publicou um artigo nosso no qual depois de um resumo do projeto que estamos levando a cabo falamos do material tecnológico que estamos utilizando na viagem. Reproduzimos aqui esta parte (também pode-se lê-lo diretamente emInventario para diez años de fotografía).
A propósito, a partir de agora, a cada terceira quarta-feira de cada mês publicaremos um artigo fotográfico nesta página Web.

No início de 1999 me despedi dos meus familiares dizendo-lhes que iria percorrer a Europa de bicicleta durante quatro meses. Voltei quatro anos mais tarde, depois de dar a volta ao mundo pedalando. E não chegava sozinho, me acompanhava Miyuki, uma jovem descendente de japoneses a quem havia conhecido no sul do Brasil. Agora estamos casados e iniciamos uma nova volta ao mundo, desta vez em uma bicicleta tándem e com duração de dez anos.

Miyuki e eu nos casamos e decidimos abordar juntos um ambicioso projeto: aproveitar a aprendizagem de nossa primeira viagem ao redor do mundo (completa para mim, parcial para ela) para empreender um novo périplo.

Aproveitando nossos conhecimentos - Miyuki é engenheira de telecomunicações e eu sou fotógrafo - e os últimos avanços tecnológicos, podíamos realizar uma nova volta ao mundo, esta vez em uma tándem e durante dez longos anos. Uma viagem que não fosse somente para desfrutar e aprender, senão também que servisse para comunicar a experiência a outras pessoas através da Internet.


No começo de fevereiro de 2005 iniciamos a viagem em Vitoria. Pedalamos até Madrid, onde continuamos até Lisboa. Na foto, Miyuki sobre a “Victoria-Gasteiz”, a primeira tándem que utilizamos, com a Serra de Guadarrama ao fundo.

A instantaneidade e agilidade inerentes ao binômio fotografia digital e Internet facilitariam muito as coisas na hora de emitir as imagens pouco depois de serem capturadas.


Uma imagem recente na costa do nordeste do Brasil sobre a “Beagle”, a tándem reclinada na qual viajamos agora.

Para trás ficava a lembrança da minha travessia anterior, durante a qual tive que procurar os rolos de filmes e diapositivos, carregá-los na bicicleta, e uma vez a película exposta, revelar em algum lugar para digitalizar-la depois e poder enviá-las por e-mail para casa. E tudo isso no meio do - por exemplo - Paquistão, uma loucura.


Patagônia: milhares de quilômetros de planícies vazias sem uma triste árvore e o forte vento soprando sem descanso.

Os preparativos para a viagem duraram quase dois anos, e escolher o material eletrônico foi uma de nossas principais ocupações. Capacidade, autonomia, robustez e portabilidade eram fatores a ter em conta, dado o tipo de viagem - longa e de bicicleta - que íamos empreender.


Imagem noturna do centro velho de Lisboa do alto do elevador de Santa Justa.

No momento de escrever estas linhas, já se passaram dois anos de aventura, tempo suficiente para percorrer a Península Ibérica e parte da América do Sul, desde Ushuaia, a cidade mais austral do mundo, até João Pessoa, a ponta do Brasil mais perto da África.

O equipamento

Com a parte fotográfica tivemos sorte. Durante os preparativos, apresentamos o nosso projeto à uma conhecida marca junto com uma seleção das imagens da viagem anterior.

E decidiram nos apoiar, cedendo-nos uma reflex de gama média e três objetivas (10-22 mm, 17-85 mm e 70-300 mm), além de uma unidade de flash e de uma câmara compacta com recursos avançados. Completava o quadro uma pequena câmara de vídeo.


Na base da cordilheira dos Andes no noroeste argentino abundam as paisagens espetaculares, como esta de Quebrada de Cafayate.

Todo este material fotográfico tem que estar bem organizado e protegido de golpes, sujeira e água, é por isso que nós temos uma mochila especial. A câmara, as objetivas e o resto de acessórios - cartões, microfones, etcetera - vão em compartimentos individuais, separados por paredes acolchoadas que nós mesmos podemos organizar.

A mochila com todo o equipamento pesa entre 6 e 7 quilos, e já se converteu em uma prolongação de nossas costas: vamos a todos os lugares com ela. Por questões de segurança, é bom que chame a atenção o menos possível, pelo que preferimos que tenha um aspecto de mochila velha.


Nem tudo é bicicleta: também realizamos caminhadas para visitar lugares inacessíveis em duas rodas. Nestes casos, as mochilas que contém o computador e o material fotográfico são imprescindíveis.

Por sistema, as imagens realizadas com a reflex armazenamos simultaneamente em dois formatos: JPEG e RAW. As cópias em JPEG, obtidas com o mínimo tamanho possível, nos permitem visualizar rapidamente a captura no computador e - se acharmos necessário - publicar-la na Internet.

O tamanho total de cada fotografia é de aproximadamente 10 MB, dos quais 9 correspondem ao arquivo RAW - sem compressão - e 1 ao JPEG. Com o tempo, comprovamos que em um único dia podemos realizar até 300 fotografias, pelo que sempre levamos três cartões de 1 GB.


Enquanto pedalamos, levamos o equipamento eletrônico protegido e isolado dentro do reboque de fibra de vidro. Imagem de um caminho na Terra do Fogo, Chile, no extremo sul da América.

Existe uma boa solução para poder armazenar mais fotografias sem ter que recorrer ao computador: um pequeno HD (hard disk) portátil com leitor de cartões. O que nós usamos tem uma capacidade de 20 GB e seu manejo é muito simples: somente temos que colocar o cartão no soquete correspondente e copiar a informação.

Porém a ferramenta realmente imprescindível numa viagem na qual a fotografia tenha um papel importante é o notebook.

Entre outras muitas coisas, nos permite preparar as imagens, armazená-las e fazer cópias que enviamos a um lugar seguro cada certo tempo, tanto para liberar espaço como para não perder o material gráfico no caso de avaria, vírus ou roubo.


Apesar de ser pequeno (10,6”) e leve (1,5 kg), o portátil é suficientemente potente para nossas necessidades. Conta com 80 GB de espaço em disco.

Fazemos estas cópias de segurança em discos DVD e as enviamos à nossa casa. Quando nos avisam de que chegaram em perfeitas condições, apagamos do portátil as fotos em RAW (exceto as melhores) e deixamos somente as cópias em JPEG.


No Rio de Janeiro Miyuki tira umas fotos com a câmara compacta do Pão de Açúcar. Ao fundo à esquerda se aprecia o Corcovado.

Deste modo, conservamos durante a viagem um arquivo fotográfico que não pesa muito, apto para seu uso imediato na Internet, e que resulta útil como referência quando temos que pedir - se for necessário - que nos reenviem o arquivo RAW original.


Cataratas do Iguaçú, na fronteira entre Argentina e Brasil. Neste caso o vapor de água poderia prejudicar ao equipamento se não o levássemos protegido na mochila.

O acessório que utilizamos para subir à rede o trabalho realizado no notebook é o chaveiro USB (Pendrive), que serve de ponte para transmitir a um computador conectado na Internet - em um cibercafé, por exemplo - as imagens e os textos já preparados.

Como complemento de bolso, nada mais adequado que um PDA, substituto natural do notebook em muitos aspectos, sobretudo se está acompanhado de um pequeno teclado.

Não nos esquecemos dos sons. Um gravador-reprodutor de MP3 e outros formatos é uma solução excelente para gravar - por exemplo - uma entrevista sem necessidade de microfone externo.

A passagem do arquivo em formato digital ao computador é muito rápido. Que tempos aqueles nos quais tínhamos de passar toda a fita para copiar algo de um cassete!


Viajar é sempre uma oportunidade para conhecer pessoas de outras culturas. Estes meninos brasileiros vivem em Salvador da Bahia, no Candeal, o bairro de Carlinhos Brown.

Para que todos estes pequenos instrumentos funcionem, é imprescindível ter na mão uma fonte de energia. Se a viagem transcorre por regiões civilizadas, não tem problema: carregamos as baterias em uma tomada, normalmente enquanto dormimos.

Porém naquelas etapas de viagem “off-road”, um elemento de inestimável ajuda é a manta solar, que nos permite carregar as baterias durante o dia. Outra alternativa plausível para uma viagem em bicicleta seria colocar um dínamo na roda, possibilidade que talvez experimentemos mais adiante.


Empurrando a bicicleta por uma praia do sul do Brasil. Nossa companheira mede 4 metros de comprimento e com o equipamento pesa uns 100 quilos.

Acabamos de celebrar nosso segundo aniversário de viagem e nos encontramos no nordeste brasileiro, pedalando na direção da desembocadura do Rio Amazonas.


Brasil sem preconceito. O mundo não é somente beleza e tem seus problemas sérios. Na viagem colaboramos com algumas organizações que tentam melhorar a situação do planeta, como a ONU e UNICEF divulgando a Campanha do Milênio. Imagem de jovens do Projeto Axé de Salvador da Bahia que conta com o apoio da UNICEF.

Seja como seja, nosso deslocamento constante não nos impedirá de que a partir de agora compartilhemos com a audiência de QUESABESDE.COM as vivências desta particular volta al mundo.


*Traduzido ao português por Álvaro S. Campos.



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