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Reportajes - Sta Elena de Uairén (Venezuela) - 14/12/2007

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Monte Roraima, el Mundo Perdido.

No es extraño que el Monte Roraima, uno de los lugares más antiguos de la corteza terrestre, explorado sólo a finales del siglo XIX, le sirviera a Arthur Conan Doyle de inspiración para su novela “El Mundo Perdido”. Esta extensa meseta situada sobre la sabana tropical venezolana y que hace triple frontera con Guayana y Brasil se ha convertido en la actualidad en uno de los mejores trekkings de toda Sudamérica gracias a las extraordinarias vistas desde su cumbre, sus paisajes lunares y a una extraordinaria variedad de vida endémica entre la que se encuentran numerosas plantas carnívoras.

Amanece en el Parque Nacional de Canaima y los “tepuyes”, las particulares mesetas, destacan sobre la altiplanicie de la Gran Sabana Venezolana. De entre las más de 20 de estas montañas que conforman el parque, el Roraima es el más alto (2.723 metros) y extenso (34 kilómetros cuadrados).

Un grupo de checos se prepara para comenzar la excursión de 6 días. Las autoridades del parque exigen que los grupos vayan acompañados de un guía indígena local. La forma más cómoda de realizar la excursión es con una de las agencias que las organizan desde Santa Elena, la ciudad más próxima.

Un cartel en el pequeño poblado de Parateipui, el punto de salida, informa de como debemos actuar para causar el menor daño ambiental posible.

Enfrente está el objetivo, el monte Roraima, cuya cima se encuentra casi permanentemente oculta por las nubes. Hasta él tenemos 25 kilómetros de sabana salpicada de algunas islas de selva húmeda tropical.

Avanzamos hacia el campamento caminando en pequeños grupos. Cada persona carga con su ropa, saco de dormir, esterilla y objetos personales. La tienda de campaña y la comida es llevada por los porteadores.

Uno de ellos vuelve de dejar la carga en el campamento al que nos dirigimos.

Algunos jóvenes hacen el trabajo en bicicleta.

El tiempo está agitado y a veces llueve con fuerza. El Kukenán, de 2650 metros de altura, es el tepuy hermano del Roraima. En su lado derecho se puede apreciar una caída de agua de más de 600 metros de desnivel, la segunda más alta del mundo después del Salto del Ángel.

Dormimos en el campamento Tök, a 1050 metros de altura sobre el nivel del mar. Por la mañana el tiempo ha mejorado.

Pablo, Omar y Eduardo, los guías del grupo, preparan unas arepas fritas para desayunar.

La comida y los distintos utensilios necesarios son llevados por los porteadores que cargan con una voluminosa y pesada carga a la espalda que puede llegar hasta los 30 kilos.

Dos ríos cortan el recorrido, el Tök y el Kukenán. Para no resbalar los guías recomiendan que nos quitemos las botas y lo atravesemos con los calcetines puestos.

Tras unas 4 horas de caminata llegamos al campamento base (1.870 metros de altitud), a los pies del Roraima. En esta cabaña los guías pueden cocinar protegidos de la lluvia.

Las distintas personas del grupo van llegando. Ahora toca descansar y prepararnos para el siguiente día, la ascensión a la montaña.

Desde el campamento base se vislumbra a la izquierda el Tepuy Kukenan y a la derecha el Roraima. En éste último se puede apreciar un hilo blanco que discurre desde la cumbre, es una cascada.

Las caídas de agua desde la cima del tepuy son espectaculares. El Roraima es conocido por los pemón como la “Madre de Todas las Aguas” porque de su cumbre nacen los ríos Arabopo, Cotíngo, Paikwa y Waruma cuyas aguas alimentarán a algunos de los ríos más importantes del norte de Sudamérica entre los que están el Orinoco y el Amazonas.

A la mañana siguiente abordamos el ascenso, tenemos que superar 850 metros de desnivel por un camino abierto en la selva.

La naturaleza en este lugar es prodigiosa y a cada pocos metros paramos para observar algún detalle interesante. En este caso es un helecho que se está abriendo.

La única vía de acceso al tepuy pasa por debajo de una cascada, es el “Paso de Lagrimas”.

En menos de tres horas alcanzamos la cima a 2700 metros de altura y encontramos una extensa meseta formada por rocas de extrañas formas.

Caminamos durante media hora más y acampamos en uno de los lugares habilitados para ello.

Las tiendas se colocan juntas protegidas de la lluvia en el hueco producido por la erosión de la roca.

Por la mañana tenemos un despertar agitado. Al ir a vestirnos dentro de la tienda de campaña encontramos un escorpión entre las ropas. Según nos dicen los guías, probablemente lo hemos traído sin saberlo del campamento anterior porque a esta altura no los hay.

El tiempo continúa irregular con bastante niebla y lluvia. Dedicamos un día a caminar por este increíble paisaje que parece propio de otro planeta.

Pasear por la cima del Roraima es visitar un parque zoobotánico único. Debido al aislamiento, a la altura y a las particulares condiciones geológicas, gran parte de sus especies de fauna y flora son endémicas, sólo se encuentran en este lugar. La oreophrynella por ejemplo, es una rana muy antigua que ha evolucionado poco en este ambiente estable. El anfibio no salta sino que camina y es negra porque la melanina le ayuda a resistir la intensa radiación ultravioleta que se recibe a esta altura.

Algunas plantas se han adaptado a este suelo pobre en nutrientes buscando una fuente alimentaria complementaria en la proteina animal, volviéndose carnívoras. En el caso de la “heliamphora nutans”, cuyo nombre en latín significa “jarra de los pantanos”, atrapa pequeños insectos.

Los pequeños pelos que rodean la copa están dirigidos hacia abajo donde se encuentra una pequeña cantidad de agua de lluvia en la que la presa se ahoga. La mosca escapa fácilmente de la trampa y puede pasear tranquilamente por la boca de la planta.

La “Drosera Roraimae” es una pequeña planta carnívora endémica del Roraima de un intenso color rojo que atrae a los insectos. Para atraparlos cuenta con un líquido pegajoso al final de cada “tentáculo”.

Otras plantas que se han adaptado perfectamente a las cumbres del tepuy son las orquídeas que pueden vivir en este suelo pobre absorbiendo los nutrientes con ayuda de unos hongos que viven en sus raíces.

El Roraima posee 30 especies de orquídeas endémicas, propias de este lugar.

La original flora dispersa entre las rocas parece formar hermosos jardines japoneses naturales.

Los “jacuzzis” ofrecen otro atractivo, piscinas naturales de agua cristalina.

Seguimos caminando y llegamos al extremo de la meseta.

El tiempo continúa nublado pero el espectáculo vale la pena.

Pasamos otra noche en la cima y por la mañana iniciamos el descenso. El tiempo ha mejorado y podemos disfrutar de unas mejores vistas.

Miyuki aprovecha para grabar en vídeo el hermoso paisaje de la Gran Sabana desde casi 2 kilómetros de altura.

Pasaremos el día bajando.

Volvemos la vista atrás y vemos como las nubes han tomado de nuevo su lugar en las cimas del Roraima y del Kukenán.

Con las últimas lluvias, el río que cruzamos fácilmente hace unos días ha crecido y el agua llega ahora a la cintura.

La excursión no sólo ha servido para conocer y disfrutar de un lugar impresionante, también para hacer buenos amigos/as de distintas culturas: pemones, franceses, holandeses, alemanes, suizos e incluso un catalán, Natxo, gente estupenda.

La excursión organizada por agencia tiene un coste de 1.150.000 bolívares, unos 165€ (en diciembre de 2007) e incluye el transporte desde Santa Elena hasta el lugar de comienzo (unos 100 kms en 4x4), el guía, los porteadores para llevar la comida y las tiendas, el préstamo de tienda, saco y esterilla, los desayunos, comidas y cenas para 6 días y el retorno a la ciudad.



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